Tierra romántica, cuna de poetas,
pintores, artistas y reyes, el Valle del Loira seduce e inspira con su belleza,
castillos increíbles, perfumados viñedos y bucólicos paisajes. En la primera
jornada del viaje, dejamos atrás Chartres y llegamos a Blois capital del
departamento de Loir y Cher, donde visitamos el castillo del siglo XII.
Frente al
castillo, una fábrica de tapices reproduce los motivos medievales y
renacentistas que sirvieron para vestir y decorar las residencias de la
nobleza. Por la noche, en el castillo, preparan un espectáculo de música y
luces que relata la rica historia de la ciudad; desde Juana de Arco preparando
la batalla de Orleans, pasando por los reyes que allí nacieron y residieron,
hasta las batallas que en sus alrededores se libraron durante la IIGM.
Después de un buen desayuno,
partimos hacia el Castillo de Chambord, a solo 17 km de Blois, es una obra del
renacimiento francés y construido como pabellón de caza del rey Francisco I. Presenta
una construcción modular de asombrosa practicidad para la circulación con una
famosa escalera central de doble hélice que se le atribuye a Leonardo Da Vinci.
Éste, ya anciano, fue invitado a residir en el valle del Loira por Francisco I,
y si bien figura como arquitecto del castillo Doménico de Cortona, hay motivos
para pensar que el diseño completo pertenece a Da Vinci. El monarca solo lo
ocupó en contadas y cortas ocasiones, pero aún se conservan muebles, armas,
tapices y cuadros de la época.
Vale la pena
visitarlo, rodeado de un denso bosque y de canales que alimentan el foso,
refleja el esplendor de una época, del deporte de la caza, mediante los
cuadros, tapices y trofeos que aún se conservan.
Más tarde y luego de un corto
trayecto de 18 km, llegamos al Castillo de Chiverny, precursor de la
arquitectura francesa del siglo XVII. Gracias a que perteneció por varias
generaciones a una adinerada familia de funcionarios al servicio de la corona,
los Hurault, ha llegado intacto hasta nuestros días.
Sus habitaciones
se conservan equipadas con su mobiliario y decoración original hasta el más
mínimo detalle, constituyendo una cápsula de tiempo y un deleite para la
visita. Sus jardines son impecables, así como la huerta y plantío de flores.
En las actuales
dependencias de servicio está ubicada la antigua área destinada a la caza. Los
caniles cuentan con cerca de cien perros destinados a la montería y están
listos para la tarea. A la salida se encuentra un excelente lugar para degustar
los mejores vinos de la región, tanto para el conocedor como para el que quiere
conocer, decenas de vinos son puestos disposición por apenas 6 euros.
Excelentes caminos de campaña, en
medio de campos sembrados, viñedos, molinos de viento y añejos caseríos nos
llevan a través de 40 km, bordeando en parte la rivera del Cher, hasta la
magnífica joya que es el Castillo de Chenonceau.
Construido entre
1513 y 1521 es conocido como el castillo de las mujeres, ya que lo ocuparon reinas
y favoritas. La misma Catalina de Medicis en su condición de regente de
Francia, dirigió los destinos del reino desde un pequeño despacho en el lado
este, que aún se conserva completo. La característica galería que lo define
contaba con un salón de baile en el segundo piso y constituyó, en el Siglo XX,
puerta de salida de la Francia ocupada, ya que marcaba el límite donde llegaron
los ejércitos alemanes en la GMII. Las cocinas son capítulo aparte y no deben
dejar de visitarlas. Dos jardines, uno a cada lado de la entrada, recuerdan a
Diana de Pointiers favorita de Enrique II y a la reina Catalina. Además se
disfrutan el restaurante, la granja del siglo XVI, el museo de cera, los
canales y viñedos que completan un bellísimo entorno.